Más allá de las crónicas deportivas del Mundial de 1994, la tragedia del defensor cafetero dejó una herida abierta en su familia y en la sociedad colombiana. Treinta y dos años después, su hermano Santiago recuerda cómo la irracionalidad del resultadismo y la violencia narco le arrebataron a un ídolo en su momento de mayor profesionalismo.









